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miércoles, 1 de noviembre de 2017

Hacia el desarrollo de competencias en procesos de formación continua: análisis de la plataforma educativa “Duolingo”

Más allá de la incorporación de TIC’s en la educación, hoy están cobrando mayor protagonismo en los usuarios de tecnologías educativas, las plataformas y aplicaciones de aprendizaje auto-gestionado como por ejemplo Duolingo. Esta nueva posibilidad que tienen las personas de gestionarse la adquisición de conocimiento se encuentra en ascenso evidente al observar que dicha plataforma hoy cuenta con 90 millones de usuarios en el mundo. Gracias a programas informáticos que permiten obtener un análisis del aprendizaje basado en datos, y a la metodología crowdsourcing aplicable para determinadas plataformas de conocimiento cuyo desarrollo se potencia en forma colaborativa por los mismos usuarios, podemos comenzar a vislumbrar un nuevo futuro en lo referente a Organización de la Educación Superior donde la Universidad deberá asumir un rol protagónico.

lunes, 29 de octubre de 2007

El hombre como palimpsesto



Apuntes para una teoría del lenguaje tridimensional (III)

El hombre como palimpsesto

El crítico francés Gérard Genette se refiere con el término palimpsesto a su forma de entender y explicar la “intertextualidad” literaria: cada obra remite a otras que la anteceden, o a las contemporáneas, con las que coincide o contradice.
La palabra palimpsesto se utiliza para designar a un manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior, borrada artificialmente.
Desde el diseño, definir al Hombre como palimpsesto implica comprenderlo en su relación sujeto/entorno, donde convive con la reescritura continua de su gestual representado en los objetos. Por su parte, los objetos en sí mismos son portadores de una intertextualidad continua (o mejor dicho interobjetualidad, a partir del rediseño que permiten las tecnologías): la computadora respecto a la máquina de escribir; el coche, respecto al carruaje; la moto, respecto a la bicicleta; el lavarropas, respecto a las tablas y las cubas de lavado; etc., etc., etc. A su vez, cada objeto sugún su tiempo y la posibilidades tecnológicas, extendieron las facultades del Hombre: plumas, carboncillos, lápices, bolígrafos, maquina de escribir o computadora, han sido medios para extender, por ejemplo, sus facultades mentales, representarlas en un medio físico y transmitirlas.
Un mismo objeto, entre muchas posibilidades, puede ser definido de la siguiente manera:

- Prótesis (completan o extienden el cuerpo)
- Utensilio (del lat. utensilis, útil, necesario – Objeto manual)
- Herramienta (instrumento concreto y específico)
- Artefacto (hecho con arte – Cualquier producto mental)
- Instrumento (lo que sirve de medio para un fin)
- Producto (El resultado convergente de muchos factores)
- Solución (La respuesta a un problema o necesidad planteada)
- Signo (cosa que evoca en el entendimiento la idea de otra: contiene significado y significante)

Cada una de estas definiciones, separadas y en conjunto, suponen una función, una forma, una materialidad, una respectiva aplicación, un determinado valor individual y grupal, su cosificación (la esencia), un modo de ser percibido y una necesidad que suple.
Entender el cuerpo humano como palimpsesto, permite abordar y comprender en forma concreta y diacrónica la interacción sujeto-objeto-entorno, de la misma forma que ocurriría en una malla/red textual (el cambio de una palabra modifica el sentido total de la oración y el texto en general, adaptando el texto al contexto de una época determinada). Los cambios, modificaciones, adaptaciones y desarrollos realizados por el Hombre en el “entorno natural primero” en el “entorno artificial” luego, reestructuran continuamente el significado de “individuo”, haciéndolo legible al nivel gestual. Modificar el gestual del Hombre, a partir del objeto, obligatoriamente implica modificar la relación intrínseca que mantiene el sujeto con su realidad individual y colectiva. La intertextualidad resumida en el Hombre se manifiesta a través del gestual de uso, según las necesidades inherentes y comunes a todos los tiempos, aunque sujetas a la dinámica epocal reflejada en escalas de valores convencionales. La reescritura del cuerpo ocurrió a lo largo de la Historia, y ocurre, a través de adiciones o sustracciones respecto al gestual, en función de su interacción con el contexto.
Jean Baudrilliard, en su libro “El sistema de los objetos”, habla sobre estructuras de ambiente en el mundo moderno, observando en dicho contexto (ambiente moderno) el resumen paradigmático de la “funcionalidad”. Respecto al gestual humano expresa que los ambientes modernos de “colococación y funcionales”, “…obligan a observar una elisión de la energía muscular y del trabajo. Una elisión de las funciones primarias en provecho de las funciones de relación y de cálculo, elisión de las pulsiones en provecho de una “culturalidad”, todos estos procesos tienen como mediación práctica e histórica, al nivel de los objetos, la elisión fundamental del gestual de esfuerzo, el pasaje de un gestual universal de trabajo a un gestual universal de control.”
El esfuerzo como gestual tradicional: la posición relativa de la herramienta o del objeto manual casi no cambia a través de los siglos. Más adelante expresa:
“Sabemos por nuestras experiencias hasta qué punto se debilita la mediación gestual entre el hombre y las cosas: aparatos domésticos, automóviles, gadgets, dispositivos de calefacción, de iluminación, de información, de desplazamiento, todo esto no requiere más que una energía o una intervención mínima. A veces un simple control de la mano o del ojo, jamás una destreza, y cuando mucho un reflejo. Casi tanto como el mundo del trabajo, el mundo doméstico está regido por la regularidad de los gestos de mando o de telemando. El botón, la palanca, la manija, el pedal o nada: mi sola aparición en el caso de la célula fotoeléctrica, sustituyen a la presión, la percusión, el choque, el equilibrio del cuerpo, el volumen y la distribución de las fuerzas, a la habilidad manual (lo que se suele exigir es rapidez). A la prensión de los objetos en que participaba todo el cuerpo la han sustituido el contacto (manos o pies) y el control (mirada, a veces el oído). En pocas palabras, sólo las “extremidades” del hombre participan activamente en el medio ambiente funcional. La abstracción liberadora de las fuentes de energía se expresa, pues, en una abstracción igual de la praxis humana de los objetos. Lo que requiere es menos la práctica neuromuscular que la praxis de un sistema de vigilancia cerebro–sensorial (Naville). Pero no sólo ella: para templar la abstracción absoluta de la acción a distancia resta lo que hemos llamado gestual de control (mano, mirada, etc.). Este gestual mínimo es en cierta manera necesario: sin él toda esta abstracción de poderío perdería su sentido. Es necesario que una participación, por lo menos formal, le asegure al hombre su poderío. A este respecto, podemos afirmar que el gestual de control sigue siendo esencial, no para el buen funcionamiento técnico (una técnica más avanzada podría prescindir de él, y sin duda lo hará), sino para el buen funcionamiento mental del sistema.”

A mi gusto y entender, la mejor forma de comprender el desarrollo diacrónico del gestual humano, fue genialmente resumido y metaforizado por Stanly Kubrick en la película basada sobre un libro de Arthur C. Clarke: “2001 Odisea del Espacio”. Si bien el libro especula con la teoría de que inteligencias externas al Hombre prehistórico fueron las causas que impulsaron el desarrollo del pensamiento y la inteligencia, esto no viene al caso.
Aquello que rescato es lo siguiente: un hipotético Hombre prehistórico descubre la práctica de asir un fémur: su primer “gestual intuitivo”. Ese hipotético Hombre aplicó una capacidad inherente a la anatomía prensil de su mano, y desconociendo toda teoría física sobre la relación que existe entre fuerza multiplicada por el largo y la masa del objeto, ejecutó una acción valiéndose de una herramienta externa a él: golpeó; golpeó la tierra y otros huesos diseminados a su alrededor. Más allá de comprender ejecutó una práctica intuitiva y observó los resultados: causas y efectos.
Ese hipotético Hombre prehistórico, a su vez formaba parte de una horda, y la horda se veía enfrentada a dos problemas: la necesidad vital de beber agua y la imposibilidad de acceder al único espejo de agua en la zona, ya que estaba bajo el poder de una horda semejante a ellos pero más “feroz”. Esta situación obligó a aplicar el descubrimiento y la práctica adquirida en un escenario completamente diferente. El fémur asido y empuñado con firmeza, entonces, cumplió la función de garrote, y la “ferocidad enemiga” se vio eclipsada por el hecho contundente de la muerte violenta. Es decir: a partir de un gestual intuitivo, una necesidad y un obstáculo que bloqueaba su satisfacción, tanto el libro como la película narran el disparo automático de un pensamiento lógico a partir de la práctica y el consecuente desarrollo mental deductivo e inductivo: ese fémur sirvió para golpear la cabeza del macho de la horda enemiga, matarlo y tener el poder sobre el espejo de agua. Aquí la segunda escena que rescato: frente al resultado exitoso por aplicar la práctica unida a una teoría lógica probable, el hipotético Hombre prehistórico, ahora poderoso, arroja violentamente el hueso hacia arriba, el cual se disuelve en una fusión cinematográfica, para transformarse en una nave espacial: del hueso a la nave espacial hay un solo paso signado por lo antes dicho y sobre todo signado por lo que a mi criterio resuelve “La Condición Humana”, que no es la violencia o el odio como normalmente se sostiene; más bien es el miedo y la incapacidad de simbolizarlo, como especto negativo, y la creatividad como aspecto positivo. A la Condición Humana esta subordinado el gestual, y al gestual los “artefactos” entendidos como cualquier producto de la mente. El cabal concepto de individuo que hoy tenemos, no es otra cosa que un resumen diacrónico y sofisticado de ese hipotético Hombre prehistórico que imaginó Arthur C. Clark en su novela. Todos, y cada uno, somos en alguna medida el punto de convergencia de todos los Hombres y toda la Historia.

El desarrollo del gestual

El semiólogo estadounidense Charles Pierce expresa en su ensayo “Facultades atribuidas al hombre” (1868), cuatro puntos: 1) No tenemos capacidad de introspección. Todo conocimiento del mundo interior se deriva del razonamiento hipotético a partir de nuestro conocimiento de los hechos externos. 2) No tenemos capacidad de intuición, sino que toda cognición está determinada por cogniciones previas. 3) No tenemos capacidad de pensar sin signos, y 4) No tenemos una concepción de lo absolutamente incognoscible.
Pierce observa que la intuición no es un hecho espontáneo, como normalmente lo consideramos. Al contrario, la intuición es una premisa cognitiva ajena a la consciencia: una intuición consciente es una cognición inconsciente. Asir, sujetar o empuñar, si o si tuvo que ser el gestual primario del Hombre prehistórico, en función de alimentarse y trasladarse. Es un acto reflejo e instintivo de todo recién nacido, lo cual hace muy fuerte la probabilidad de que los primeros objetos utilizados por el hombre representaran en su tipología dicho gestual prensil.
Es indudable que el desarrollo de los objetos sólo pudo lograrse en una etapa de pensamiento lógico; pero lo más importante del caso es el hecho que trasciende a nivel psicológico: más allá de poder o no simbolizar con palabras sus terrores y mitigar angustias o ansiedades provocadas por el miedo que le causaba el entorno (hostilidades climáticas, bestias salvajes u otras hordas), fue a través de los objetos que logró “liberar tensiones” y dar forma a su entorno inmediato. Para el Hombre prehistórico (Australopitecus?) el objeto representó a su psiquis el primer vehículo funcional de simbolización (antecesor de la palabra) que le permitió modificar su conducta respecto al entorno natural y brindarle una seguridad que antes no tenía. A través del uso de herramientas externas a su cuerpo, alteró inmediatamente su esquema corporal, su conducta, su proyección proxémica, su estructura social de grupo, su esquema motivacional, y básicamente alteró su realidad.
Al igual que un niño recién nacido el primer objeto que controló fue su cuerpo; luego el desarrollo de la motricidad en la bipedación; el tercer paso fue controlar los objetos externos e inanimados y el cuarto paso fue controlar su entorno. En este cuarto paso, es probable que simultáneamente haya desarrollado los principios del habla y mucho más tarde la capacidad de abstraer un lenguaje. Primero se reconoció a si mismo, luego distinguió los elementos de su entorno junto a la posibilidad de utilizarlos y por último operó mentalmente consigo mismo y su mundo exterior.
El "Arte Rupestre", por ejemplo, es una manifestación del Hombre que encierra una probable sospecha y un antecedente. Muchos de estos dibujos narran sobre estrategias y organización grupal para la caza, como así también en épocas posteriores, sobre creencias metafísicas. A grandes rasgos ya delata a un individuo capaz de extender su cuerpo mediante armas o herramientas que multipliquen su fuerza y le garantice con relativo éxito una mayor seguridad ante sus necesidades. También nos hablan de un individuo capaz de abstraer la forma para generar un discurso, y comunicar a su pares alternativas de asecho o huída: tales dibujos son abstracciones proyectuales que narran, quizás, una actividad a ser desarrollada o una situación a tener en cuenta. El desarrollo sofisticado de ese pensamiento, indudablemente es el antecedente de una lógica, que permitió al ser humano transformar la capacidad de abstraer una acción con ideogramas figurativos, a una mera organización de caracteres abstractos (vale pensar en la escritura jeroglífica y escritura hierática). El mundo simbólico, cuyo paradigma es el lenguaje y la escritura, no es otra cosa que la exteriorización del mundo interior desarrollado a través de la interacción perceptual con el entorno. No son los objetos quienes se organizan y se comportan como el lenguaje y sus reglas gramaticales, por el contrario, es el lenguaje y sus reglas el que se estructuró en una etapa de pensamiento abstracto, posterior, de la misma forma en que el Hombre se relacionó con los objetos y su entorno, dentro de un sistemas de diferencias, valiéndose de unas y exceptuando otras; a través de clasificaciones organizativas desde lo genérico a lo particular y viceversa .
Antes que el lenguaje, el hombre manufacturó sus herramientas de caza y protección, afilando piedras, tejiendo y tensando cuerdas o sacándole punta por frote a un hueso. Yuxtapuso diferentes materiales para conseguir un hacha o un arco y una flecha; desarrolló una morfología coherente a “su gestual” y una semántica propia de su entorno (un palo, lo suficientemente largo) para obtener seguridad. Confirió un sentido diferente al objeto natural, lo transformó haciéndolo funcional, otorgándole un lugar específico en su realidad, liberándolo a él de las ataduras hostiles e inclementes que el medio le significaba.




Gonzalo José Bartha

martes, 3 de julio de 2007

Apuntes sobre teoría memética

Apuntes sobre Teoría Memética

Publicado en Revista “Signos Vitales” Nº1 – Mar del Plata - Septiembre 2002

El término “Memética” deriva de MEME, y corresponde a la denominación que los actuales científicos en áreas de marketing, psicología y cognotivismo, como así también lingüistas y semiólogos, le dan a la “unidad de pensamiento”, entendida como una proposición o idea. Es decir, la “Memética” está considerada como el estudio científico de la diseminación y contagio de las ideas o rumores, independientemente de su veracidad.
En psicología social estudian los MEMES en función de su propagación sobre sistemas de creencias y sobre la cultura en general. Incluso, de acuerdo a sus efectos; de acuerdo a la observación objetiva basándose en su comportamiento, el MEME es considerado como un virus, con la capacidad de infectar un determinado “nicho social”. Aquello que directamente afecta es la estructura de pensamiento, alojándose en el individuo y manifestándose inmediatamente o luego de un proceso de incubación, desarrollando se capacidad de propagación e incluso mutando su estructura argumentativa según el individuo que lo alojó.
Aquellos científicos dedicados a la materia se encuentran estudiando la forma, el cómo, a través del cual los MEMES, siendo ideas ajenas a una persona, llegan a formar parte de ella misma, haciéndola aceptar conceptos que de otra manera le hubieran sido extraños. En este sentido el MEME es comprendido como un implante, incrustado en las capas consensuales de la realidad, cuya finalidad radica en transformar la visión del mundo, o bien su descripción.
Esbozada formalmente en el último capítulo de la obra “The Selfish Gene” (El Gen egoísta) del etólogo Richard Dawkins, esta teoría tiene sus precedentes en la obra “The ticket that exploded (El ticket que explotó), del escritor y poeta “beat” William Burroughs, y, en la actualidad, su mayor exponente es la obra “Thoutht Contagion” (Contagio de pensamiento) del físico Aaron Lynch, donde narra que “…Como un virus de ordenador que se transmite por Internet, o una epidemia de gripe que recorre una ciudad, los memes proliferan, programándose para su propia propagación…”.
También podemos hallar un antecedente del tema a través del singular narrador H.G. Wells, en su novela de ciencia ficción “Star Begotten” (Engendrado por una estrella) en la que plantea que a través de los rayos cósmicos, una inteligencia ajena a la humana y de naturaleza extraterrestre – presumiblemente marciana – introduce mutaciones genéticas capaces de cambiar la forma de pensar que tiene el Hombre. De esa forma, en vez de conquistar el planeta, con todos los riesgos que ello conlleva, lo que hacen es marcianizar a sus habitantes. Se me ocurre en este punto que vale la pena también recordar la obra de Goerge Orwell: “1984”, en la cual nos dice: “…Quien controla el pasado, controla el futuro. Quien controla el presente, controla el pasado…”
La aplicación, o dosificación, han observado que es llevada a cabo con historias espurias, aceptadas casi sin actitud crítica alguna y sin alusión a ningún tipo de verificación. Las críticas al respecto son tomadas por ataque y los que insisten en cuestionar las evidencias, son relegados al rango dudoso de escépticos, fascistas, comunistas, o lo que fuera; cualquier rótulo apropiado según la ocasión, incluso el de ser “peligrosos para el sistema”, o bien terroristas.
Los medios de difusión masiva contribuyen a dar un aura de respetabilidad a estas historias, logrando de manera muy curiosa, que si bien los especialistas han descubierto “el engaño” o “el montaje” y quiénes están detrás, siguen siendo creíbles y aceptadas por el público en general. Precisamente, lo que estas historias tienen en común con los MEMES, es que captan la atención y tienden a repetirse, a contagiarse; diseminando la forma de pensar correspondiente. Trasmutando la visión mental que se tiene del mundo en un momento dado, se cambia la interpretación del acontecimiento objetivo y, por lo tanto, se crea el molde de una nueva realidad acorde a los intereses de la “inteligencia” gestora de la manipulación.
El hecho de considerarlos como “montajes” o “engaños”, es debido a que normalmente las historias tejidas se encuentran basadas en un núcleo de realidad más o menos fantástica, pero en definitiva, terrestre y racional.
Los montajes o engaños son recursos entretenidos y encantadores. Algunos de ellos se niegan a morir con el paso del tiempo, a pesar de haber sido expuestos sus mecanismos, engranajes, y el núcleo mismo de realidad concreta alrededor del cual se hubo de tejer toda la historia. Algunos de los ejemplos citados por los investigadores son el caso Roswell, el Experimento Filadelfia, la llegada del hombre a la Luna, el caso Kennedy e incluso las actuales Torres Gemelas y toda la filosofía política neoliberal.
La mayoría de los artículos y libros que existen al respecto, tratan el tema casi desde una perspectiva apocalíptica, rodeándolo de connotaciones nocivas y dejando entrever un rastro de pánico ante la probabilidad de su uso como herramienta de complot, utilizada por unos pocos, para dirigir el pensamiento de las sociedades. También puede ocurrir que la Teoría Memética se trate del MEME del MEME, ya que a través del miedo puede lograrse confusión suficiente para que la “autoridad” (de acuerdo con Foucault) se deposite consensuadamente en el sitio equivocado, o bien que quede relegado a la insignificancia propia de una caricatura como “Pinki y Cerebro”.
Por otro lado, se me ocurre considerarlo de otra manera, en la cual, si su efecto es tal, del mismo modo que puede ser utilizada para efectos socialmente nocivos, también puede ser utilizada para efectos útiles y positivos en cuanto al desarrollo de los Hombres. En todo caso esto dependerá de quién lo aplique, y de sus intenciones. También dependerá del grado de conocimiento e información que cada individuo quiera tener respecto al tema, respecto a quién nos informa y, por qué no, respecto a quién nos gobierna.


Gonzalo J. Bartha

miércoles, 27 de junio de 2007

Apuntes para una teoría sobre diseño: lenguaje, comunicación, conducta

Lenguaje – comunicación – conducta

Un signo es algo que representa "algo" y a su vez en sí mismo se manifiesta "unidad cultural", que se define de acuerdo al entorno, siendo que a "la cultura" podemos entenderla como marco general y factible, a partir de que un sujeto racional establece la nueva función de un objeto; lo designa objeto "X" que cumple con la función "Y"; y luego con el tiempo sigue reconociéndolo como el objeto "X" que cumple con la función "Y". Luego, se convierte en "vehiculo de signo" para otros objetos; una convención ligada a una red simbólica y un sistema de diferencias. En este sentido, el sistema de objetos creados por el hombre se comporta de la misma forma que un lenguaje.
David K. Berlo, en su libro “El proceso de la comunicación”, establece que el fin propio de comunicarnos es influir en la conducta y el comportamiento de otros, e incluso el de uno mismo. Todo acto comunicativo implica una serie de elementos: una fuente, una intensión, la encodificación del mensaje, el mensaje en sí, el canal de transmisión, la recepción, la decodificación del mensaje recibido y por último el receptor. Cada uno de estos elementos, o pasos, están involucrados en el proceso proyectual. Los códigos que utiliza un diseñador son diferentes a los códigos utilizados por un escritor, por ejemplo, pero ambos persiguen un mismo fin: expresar y extender una idea o concepto (subjetivo u objetivo) a otros individuos. En el caso del diseñador, los elementos principales con los cuales encodificará el mensaje son el punto, la línea, el plano y el volumen. Los elementos secundarios serán aquellos que surgen del tratamiento morfológico aplicado a los elementos principales: torsión, estiramiento, superposición, intersección, etc, etc… Bien se puede analizar desde un punto de vista semántico o sintáctico, y aplicar en el objeto conceptos gramaticales.
Un elemento que complementa al lenguaje proyectual es “el color”. Sin embargo, el color, constituye un lenguaje en sí mismo. Al igual que los aromas u olores y los sonidos armónicos o disonantes, son códigos que no operan en un nivel puramente racional; constituyen lenguajes a un nivel, más bien, emocional y sensitivo conectado directamente con el plano inconsciente de la percepción. A través de las emociones y sensaciones que experimenta un individuo, su conducta y comportamiento también se ven afectados.
En función de estructurar la encodificación y decodificación del “lenguaje tridimensional” que nos contiene y reestructuramos, se ha desarrollado el concepto de la interfase/ce/z, el cual explica que, de algún modo el Hombre, siempre se valió y proyectó de acuerdo a sus necesidades, la interfase/ce/z necesaria para reestructurar su entorno y autosatisfacerse. La interfase/ce/z supone una forma de comunicación pluridireccional y simultánea del entorno total al que pertenece cada individuo. Somos parte y estamos sujetos a un texto infinito cuya reescritura es continua. La interfase/ce/z de los objetos y sujetos, y los sistemas que estos generan, también se encuentran articulados en forma semántica y sintáctica.
Considerar al objeto, y los elementos que lo componen, desde una perspectiva lingüística, no es nada nuevo. Implica un grado de interdisciplinariedad absoluta, dado que todo análisis al respecto no finaliza en el producto mismo: el entorno define al objeto, y el objeto redefine al entorno; y ambos modifican las conductas individuales o grupales de los usuarios. Dichas modificaciones, si las observamos desde un punto de vista comunicacional, son parte de un proceso tendiente a reducir la incertidumbre en diferentes niveles preceptuales.
Ahora bien, Bleger explica a la conducta como el resultado continuo y automático tendiente al equilibrio de tres factores: cuerpo-mente-entorno. La describe como un conjunto de operaciones por las cuales un organismo reduce las tensiones generadas por situaciones conflictivas de diferentes magnitudes, que lo motivan para llevar a cabo sus capacidades de la mejor forma posible. Sostiene que la conducta es funcional, dado que resuelve tenciones que derivan e implican conflictos (ambivalencia), que ocurre y es comprendida, sólo, dentro de un contexto y que responde a un grado de integración máximo del individuo.
Determinó tres áreas específicas e interactivas para la conducta: el área de la mente, encerrada en el área del cuerpo, y ambas, encerradas en el área del entorno. Cualquier modificación en una de ellas, afecta y modifica a las otras dos: un mango de herramienta mal diseñado (entorno), por citar un ejemplo muy simple, genera incomodidad prensil (cuerpo) a lo largo de una tarea, generando mal humor en el operario (mente), e ineficacia en tareas de largo plazo.
Otro ejemplo citable es el de Bernd Löbach en su libro "Diseño Industrial", quién hace referencia a la irresponsabilidad sufrida por ciertas instalaciones públicas (baños), indicando que normalmente no se tiene conciencia individual de la copropiedad de estos productos por una distorsionada relación con el objeto. Agrega que dichos aseos públicos provistos por el gobierno alemán, desde su configuración remiten a la rigidez del sistema social que los contiene como individuos, y que la destrucción de estos objetos es una forma de expresar disconformidad y desacuerdo. Dicho ejemplo, Löbach lo sita para sostener que la configuración de un producto influye en la conducta del usuario.
Gonzalo José Bartha